No soy nadie para hablar de relaciones, pero qué importa, dicen que detrás de toda zorra hay un hombre que le convirtió en lo que es. Bueno, puede tener parte de razón, pero es triste, muy triste, recurrir al refugio propio para evitar daños de otros. Dicen que cuando te rompen el corazón te duele el pecho, pero es completamente falso, te duele todo el cuerpo y no sabes cómo sofocar el inmenso vacío interior. Intentas fingir que estás bien, pero cuando aparece la luna que te da en la cara, te conviertes en animal salvaje, gritas a la luna por qué tras buscar noche y noche aún no encontró a tu hombre. Ni siquiera a uno, ni a mitad, empiezas a perder la fe, a creer que quizás con 18 años poco te queda por vivir de ese amor loco y joven, asusta, pues deseas tener esas experiencias...
Es cierto, por qué negarlo, os confirmaré que esa chica que está en una esquina sentada en una fiesta, con la mirada perdida, solo necesita un abrazo y que alguien se la lleve de ahí.
Que la que mira por encima de su hombro lo hace para proteger a su corazón.
Que la que sale corriendo sin decir nada es para evitar las lágrimas.
Que la que no llama es porque cree que a nadie le interesa.
Que la que sonría a menudo de día, se echa a llorar de noche.
Que la que responde de manera borde, es porque se cansó de ser amable y recibir nada a cambio.
En definitiva, seré todo lo que digan que soy, pero lo verdaderamente bello de la vida es encontrar a alguien que pese a todo te quiera, que sea capaz de dar un paseo con la chica de la esquina, que sea quien demuestre que él no le romperá su corazón, que vaya detrás de ella para ser su hombro en el que llorar, que llame diciendo un: "estaba pensando en ti", que pase una noche con ella para que esa vez no pueda llorar o que se arriesgue a darle lo que finalmente merecerá.
Es difícil darse cuenta de estas cosas, pero aún más sencillo de solventarlas.

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