Y allí estaba Violeta, andando, de repente, gritos y una gran agrupación de jóvenes se situaban al frente, ella se acercó y le vió, a la misma persona que fue su todo y ahora no es nada. Muchos cuchicheaban entre ellos, pues sabían quién era Violeta y su relación con aquella persona que estaba decidida a lanzarse al río, todos creían que Violeta estaba sufriendo, que en el fondo, estaba aterrada, pero su cara realmente reflejaba lo que sentía, alegría, un escalofrío provocado por el mismo diablo, que solo le impulsaba a empujar a su viejo recuerdo, todos, entre comentarios al oído, esperaban una reacción digna de superheroína por su parte, Violeta se acercó a la suicida.
Todos pensaban lo mismo, Violeta le iba a salvar, seguro, no había duda, pero la mirada fija y la respiración profunda de nuestra protagonista no pasó por el centro de atención de los que observaban.
- ¿Qué haces?- Dijo Violeta
- ¿Acaso no lo ves?- Le contestó temblando su antigua confidente
- Veo lo que haces, estar enfrente del abismo, ¿para qué? o mejor dicho... ¿por qué?
- No tengo nada ni a nadie, todo es una mierda
- Me tienes a mí
- ¿De verdad?
- Baja y te lo demostraré, pero no te lances, no es justo
Entonces ella bajó, Violeta, le ayudó y a continuación dijo:
- ¿Sabes por qué es injusto? Porque a mí me as hecho pasar por un auténtico infierno, me he sentido peor que tú y no me tiré por un puente, aguanté y luché sola, lloré noche tras noche y me traga más de una vez el dolor que sentía y tú querías evitar todo eso, ¿pues sabes qué? que no te lo mereces, el suicidio es una recompensa para ti, por eso no te he ayudado a quitarte del medio, porque el dolor que vas a sentir a partir de ahora será el que siempre he deseado que sintieses, así que ahora te jodes y te aguantas, porque yo tuve que cargar con todas mis consecuencias y tú las quieres esquivar, cobarde, maldita cobarde, espero que de verdad, lo pases mal, que te sientas muerta, que desees arrancarte la carne a trozos para no sufrir, porque entonces y sólo entonces, comprenderás la mitad del calvario por el que me has hecho pasar.
- Entonces... no te tengo
- No, nunca, ese es un error que cometí hace un tiempo del que he aprendido, ahora, te quedas en la más profunda soledad.
Violeta siguió andando, con una sonrisa de venganza en su rostro y la más completa satisfacción en todas sus heridas que la persona, a la que acababa de salvar, le había causado.

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