Supongo que cuando menos te lo esperas te acercas al cartel de letras mayúsculas que te avisa de que has llegado ya al destino que menos te apetecía. Ves el cielo con las nubes más oscuras que pueden existir, el negro siempre me ha agradado, pero esta vez, por algún motivo, sabía que no era algo que iba a disfrutar. Y así es, mi vista no me deja leer cuando me sitúo lejos, pero al acercarme lo he visto claro, había llegado a "Fondo".
Entonces bajé del bus, el conductor prácticamente me echó, caí en el suelo y al levantarme el frío me congeló músculos que ni sabía que tenía. Noté el asfalto de Fondo, literalmente, toqué Fondo.
Y de poco servía gritar, porque nadie me oía, buscar buses de vuelta, porque no los había, nada, absolutamente nada podía cambiar donde estaba.
Supongo que hasta entonces no me dí cuenta de que era difícil ser feliz, que esto no se podía haber evitado, sólo haber esperado un poco. Me arrepiento de no llevar maleta, de no haber sido tan previsora como pensaba, de mil y una cosas, pero lo hecho hecho estaba, se había acabado, para bien o para mal, pero esa ya era la última parada y aunque a nadie le gusta ver el telón cerrarse ese era el final y qué final más fatal.
Así que ahora me toca conocer la ciudad, saber dónde vivo y acostumbrarme a ver una noria apagada. Podría llevar mejor calzado, pero no tenía esto preparado, aquí no hay tiendas ni personas que presten zapatos. Y esa es mi mayor desgracia, supongo. Que ando mal. Torpemente. Intentando bailar, pero tropezando todo el rato.
Es una mierda pensar que nadie te va a ayudar a levantarte.
Aunque quizás esa era la solución. No lo sé, sólo noto piedras clavándose en la planta del pie y joder, duele.
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